Mi mamá (la Tatata) habla con Martina, pues la escucha decir una y otra vez ya"po", si "po", y le dice:
Martina, no diga po, no está bien. Pero sigue y sigue, entonces le dice: Martina, el "po" no existe, no diga "po".
Martina mira extrañana a la Tatata, arruga su pequeña frente, abre bien grandes sus ojitos, y le dice:
Pero Tatata como existe "poto", y "porrazo"?...
Y mi mamá no sabe qué responderle.
Cuando me cuentan la historia, me da una sensación maravillosa de ser mamá de esta personita que piensa.